Pienso en demasía cada vez que siento que te tengo al frente como una inmensa promesa o quizás como una nueva caída. Me consume la angustía cada vez que miro al cielo y siento como las ganas se esconden, como está tan grande y oscuro allá afuera, sin estrellas, sin lunas sin soles; éste lugar es tán cálido y a la vez tan frio -a veces no quiero salir-. Ahora es la mente quien piensa cada vez que en un juego hay que arriesgar el corazón, viendo en las cartas si vales las pena o no, si te sigo queriendo o no.
Me consume las ganas de encontrarte, de enceder el corazón con la llama de tus ojos de perderme en tus palabras como un ultimo deseo, como un regalo de Dios. Pero la furia de una noche desolada me enseñó la desconfianza, las lágrimas y el dolor, una lección aprendida con sonrisas ausentes, con presencias que dañan y me sigo consumiendo en estas inmesas ganas, preguntandome si debo arriesgar o no?
Veo como van pasando, los deseos de la mano con las ganas y como la felicidad esquiva mi cuadra, y me encuentró frente al espejo otra vez soñando y a veces preguntando quién soy?. No estoy para acertijos ni señales ni para escuchar verdades. Estoy aquí queriendo, esperando que las cartas no equivoquen su suerte, aunque quizás hoy me lleve la muerte.