No era fácil complacerla
mirarla, observarla, quererla
sin que una lágrima corriera de sus ojos
No era fácil obligarla a querer
con el corazón hecho piedra
y las heridas a carne viva
No era fácil entenderla
con la ausencia de sus sentidos
y la soledad en hombros
Pero a veces los deseos
se sirven en bandeja d plata
y se ponen en nuestra mesa
Es así que él
Pudo mirarla, observarla
quererla y entenderla
y ella no volvió a llorar